COACCIÓN: EL MONOPOLIO POLICIAL

COACCIÓN: EL MONOPOLIO POLICIAL

6 julio, 2020 0 Por Erick Nos

Según se expone en el artículo 172 de nuestro Código Penal, será autor de un delito del tipo básico de coacciones quien, sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto.

Es decir, para la culminación del referido delito deben darse sí o sí los siguientes elementos:

  1. Que el autor no se halle legitimado para ejercer dicha coacción
  2. Que haya un impedimento / obligación contraria a la voluntad del sujeto pasivo
  3. Que exista violencia

Analizando la primera de las variables cabe señalar que, de conformidad con el preámbulo de la L.O. 2/86 de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, dicha legitimación corresponde en exclusiva y a priori a los miembros de los colectivos profesionales cuyo articulado regula, expuesto de modo meridiano en el preámbulo de la citada Ley:

A través de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se ejerce el monopolio, por parte de las Administraciones Públicas, del uso institucionalizado de la coacción jurídica, lo que hace imprescindible la utilización de armas por parte de los funcionarios de Policía

Huelga decir que la referida coacción jurídica debe ser siempre dentro de las legales competencias y con absoluto respeto al Ordenamiento Jurídico y la Constitución ya que, de lo contrario, dicha coacción además de en pena de prisión, podrá llevar aparejada la tan temida inhabilitación.

Pero además y de conformidad con la LECrim, cabe ampliar dicho colectivo a quienes en determinadas circunstancias se hallarán legitimados para ejercer dicha coacción, siempre que ésta se lleve a cabo hasta la inmediata puesta a disposición:

LECRIM. Artículo 490

Cualquier persona puede detener:

1.º Al que intentare cometer un delito, en el momento de ir a cometerlo

2.º Al delincuente, «in fraganti»

[…]

Es decir, y por exponerlo de modo claro y sencillo: solo la policía y quien presencie un delito (personas de a pie y vigilantes de seguridad en el ejercicio de sus funciones) pueden ejercer legítimamente la coacción para hacer que el autor sea puesto a disposición.

Atendiendo al concepto del tipo diremos que la coacción consiste en doblegar la voluntad de una persona, es decir, impedirle hacer algo que quiere (agarrarle) u obligarle a hacer algo que no (empujarle), existiendo tantos ejemplos como situaciones personales.

Por último y en lo que a la existencia de violencia se refiere, si bien inicialmente el legislador la acotó a la ejercitación de fuerza física por parte del autor y sobre la víctima, la Jurisprudencia que emana del Alto Tribunal tras el estudio individualizado de supuestos concretos tras su admisión en casación, ha acabado por ampliar el elenco de variables que se entenderán como violentas y, por tanto, válidas y necesarias para su cumplimiento.

Entre la Doctrina consolidada del Tribunal Supremo encontramos pues, grosso modo, los siguientes tipos de violencia que, al ser requerida para el delito analizado, colmarían las exigencias del tipo:

1. Violencia física / Vis física: Fuerza sobre las víctimas


2. Violencia moral / Vis compulsiva: Intimidación concreta sobre la víctima


3. Violencia en las cosas / Vis in rebus: Uso de fuerza sobre las cosas


4. Violencia ambiental: Intimidación genérica sobre las víctimas


Es por ello que, si un policía interviene en un contexto en el que ha existido cualquier tipo de violencia, amenaza o intimidación, siempre resulta recomendable preguntarse el motivo de la misma ya que, si el objetivo de su empleo era el de impedir a un tercero a hacer algo u obligarle a ello, aunque ello fuera justo, estaremos ante un delito de carácter público y menos grave en el que el autor acabará detenido.

Pero… ¿y si una vez llegamos al lugar comprobamos que el impedimento u obligación no se ha logrado por completo y el requirente ha conseguido su objetivo? La respuesta puede resultar sorpresiva: si ha existido cualquiera de las violencias expuestas, el autor de la misma incurrirá en un delito de coacciones en grado de tentativa.

Para aquellos que ahora mismo tengan arqueadas sus cejas o se pasen una o las dos manos por la cabeza, ahí va un breve apunte: En todo delito de resultado como son las coacciones (si, también las lesiones), tienen cabida las formas imperfectas o inacabadas, es decir, las intentadas.

AUTOR: Fernando Cornago.

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